Arnaldo Jiménez

  • Venezuela , 1963
  • Poeta, narrador y ensayista.
  • Género(s): Ficción, No Ficción

Reseña biográfica

Es licenciado en educación en la especialidad de Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo. Maestro de aula desde el 1991. Es miembro del equipo de redacción de la revista internacional de poesía y teoría poética Poesía del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida, de la misma Universidad.
En poesía ha publicado Zumos, 2002; El silencio del agua (Recopilación y notas. Poemas y dibujos creados por niños y niñas) 2007; Tramos de lluvia, 2007; Caballo de escoba, 2011; Álbum de mar, 2014; Salitre, 2014; Resurrecciones, 2015; Luz amontonada, 2016; Truenan alcanfores, 2017. En narrativa ha publicado Chismarangá, 2005. “El nombre del frío”, cuento infantil ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007); Orejada, 2012. El silencio del mar, 2012; El viento y los vasos, 2014; La roza de los tiempos, 2014 y El muñequito aislado y otros cuentos, 2015. En ensayo ha publicado La raíz en las ramas, 2007 y La honda superficie de los espejos, 2007. Y los libros de aforismos Cáliz de intemperie, 2009 y Trazos y borrones, 2014.
Mención especial en el concurso nacional de poesía del Festival Mundial de Poesía, Venezuela, 2011. Finalista en el concurso de microcuentos, Cada loco con su tema, México, 2012. Segundo premio en el concurso de cuentos Por una Venezuela Literaria, 2012. Mención en el Concurso nacional de cuentos Los desiertos del ángel, Venezuela, 2009. Primer premio en el concurso nacional de cuentos de
misterios UNELLEZ, 2002. Premio nacional de poesía Rafael María Baralt 2012. Premio nacional de poesía Stefania Mosca 2013. Premio bienal nacional de poesía Vicente Gerbasi, 2014. Premio nacional de poesía bienal Rafael Zárraga, 2015. Único finalista por Venezuela en el primer premio iberoamericano de poesía Entreversos, 2016.

Sinopsis de obras ofertadas

Entrepuertos

Un hilo narrativo entreteje las páginas de un álbum de fotos donde la historia de una familia comienza a navegar por diferentes puertos perdiéndose en esas aguas los seres y las oportunidades de obtener una casa en cuyo piso no se repitan las mismas pérdidas.

Entrepuertos es una novela que surge por la extinción casi absoluta de los álbumes familiares, los cuales fueron devorados por un enjambre de comejenes trasladando a la mirada de Paula Alejanía ese vacío que significa quedarse sin pasado. El narrador intenta entonces recordar la historia de la familia y extrayendo fotos que le va enseñando a sus hijas a quienes pretende dejarles esa memoria rescatada como una herencia por medio de la cual ellas aprendan a comprender sus propias posiciones en esa historia. Pero además de ello, este álbum no se agota en la familia, es al mismo tiempo una recopilación de seres comunitarios, amigos, vendedores, borrachos que contribuyen a ofrecernos la lectura de un país desde la cotidianidad, desde las costumbres que se adquieren y de las que se pierden. Dos seres permanecen sin embargo sin retratar, sin darnos sus imágenes con la misma claridad con la que los personajes de esta emotiva historia fueron rescatados del olvido: Adolfo Malzhares, el abuelo paterno del narrador y Helena, una amiga de la familia, famosa por sus cualidades de comerciar con seres del más allá; el primero es un marino que murió en alta mar por una crisis de asma, enfermedad heredada por Paula Alejanía, la cual da inicio a una maravillosa relación filial con sus hijos llena de compasión, lealtad y un amor y respeto profundos; el abuelo vaga por el Caribe recibiendo a las almas que desde las costas, desde los diferentes puertos, Helena despide haciendo que estas muertes no sean tan crueles. Cada foto que este álbum nos ofrece a la mirada está llena de una conmovedora historia, exuda sentimientos, nostalgias por un país que poco a poco se va alejando como si también zarpara desde un puerto inevitable. Cada una de estas fotos está envuelta en una atmósfera poética que el lector no podrá dejar a un lado, no podrá evitar seguirla viendo, aunque ya no tenga más páginas para leer.

Barrio El Mireteo

Barrio El Mireteo es el libro que completa la trilogía trabajada por su autor para desmontar la oralidad del pueblo venezolano haciendo énfasis en los tres órganos biológicos que la sintetizan: la boca, la oreja y los ojos; órganos que al mismo tiempo son culturales y permiten la entrada y la salida, la circulación de la vida cotidiana: la voz, la escucha y la mirada. Estos relatos se tornan algo incómodos para ser clasificados, muchos, por sus breves extensiones podrían ser considerados como microficciones y, si así fuese, pasarían a engrosar las motivaciones que le dan vida a ese género que, por cierto, ha sido cultivado con acierto por el autor; otros, también por sus extensiones y sus coqueteos con el anecdotario, calaría muy bien en la categoría de relatos, así como en la del cuento clásico sea en la versión creada por Poe o en la creada por Chéjov. Este nuevo trabajo de Arnaldo Jiménez se dedica a tomar radiografías en zonas de la sociedad que han sido casi descuidadas por la narrativa tradicional venezolana, los textos llevan por título las direcciones del barrio donde ocurren los hechos, lo cual lo diferencia de las referencias anteriores, Chismarangá (2006) y Orejada (2012). Hay edades que predominan con sus voces en cada uno de estos libros, en el primero, la voz predominante es la de los vecinos mayores, personas adultas que disfrutan contándose los asuntos de la intimidad de un barrio caraqueño. En Orejada el autor expresa el modo de cómo recoge los cuentos en las propias bocas de sus protagonistas, encontrando voces variadas, de diversas edades y maneras de contarse. Finalmente, en Barrio El Mireteo, la voz predominante es la de los jóvenes, los textos se ambientan en diferentes géneros musicales, o al menos se hace mención de estos, los problemas generacionales entre padres e hijos, entre hermanos, los avatares de la comunicación entre esposos, los ideales que se rompen al chocar contra la realidad; en fin, este libro, al igual que la oralidad que le dio origen, no se queda en la apariencia de los hechos, no flota en la superficie del agua, se sumerge en ella, penetra en lo más hondo e indaga los asuntos existenciales que le atañen a cualquier ser humano, sea o no venezolano. El lector podrá disfrutar de historias contadas de manera descarnada, creerá que un amigo o una amiga muy íntima le está contando al oído los asuntos más apremiantes que marcan nuestras existencias sin perder el marco de humor y tono de doble sentido siempre presente en el modo de hablar del venezolano. Este libro, a fin de cuentas, es un homenaje al pueblo llano, de a pie, una manera de elevar sus historias a la dignidad de la literatura, y a ésta, llenarla de la dignidad de la historia que aún no se ha escrito.

Piedras de humo

En este libro de ensayos destaca como una de sus principales virtudes el esfuerzo que realiza el autor por expresar sus reflexiones más desde una memoria vivencial que desde una memoria de datos de conocimientos archivados. Arnaldo Jiménez se introduce en muchos objetos para extraer desde ellos todo aquello que él es capaz de pensar, cuenta para ello con una mirada poética que a la vez se le presenta como una maestra que le enseña los diversos caminos por donde se puede incurrir, el extravío en muy pocas ocasiones ocurre. El autor traza rutas circulares que recorre indiferentemente de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba. En estos escalones el material de construcción es sin duda poético, porque en el fondo, estos ensayos fueron escritos con la intención de ofrecer a la poesía como una forma de conocimiento que contiene a otras consagradas por la racionalidad occidental como diferentes o excluyentes del saber poético. Sin embargo, además de la literatura, el oficio de escribir y de leer el mundo, además de la introducción escamoteada de la angustia como expresión humana de filosofar sobre las condiciones de existencia, hay otros temas recurrentes en los que se nota una crítica al sistema de cosas creado por la sociedad capitalista, entre esos temas resaltamos la importancia que el autor le da al cambio de cultura a través de un cambio profundo del sistema educativo, un cambio profundo en el sistema percepción-conciencia del hombre actual. Los objetos aquí son tratados con otra dignidad, no como mercancías, sino como seres que nos acompañan y adquieren nuestros rasgos, nos ayudan a vivir. Piedras de Humo es un libro para ser degustado, una narrativa poética magistralmente mezclada con la lógica dialéctica que le deja al lector un grato sabor a verdades, a imágenes que quisiera guardar, ya que en cada página es invitado a pensar, y ver de otra manera su entorno.

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