La tiranía del mercado editorial

Por: Iván Cruz Osorio (México)

 

Durante la más reciente década hemos visto la escalada de las poderosas empresas editoriales transnacionales por convertirse en los únicos dueños del mercado, esto en consonancia con otros conglomerados que, en áreas estratégicas como la alimenticia, la farmacéutica y la comunicación, han desarrollado auténticas guerras por abolir la competencia. El libre mercado de las empresas ha engendrado la tiranía del mercado a la que está sometido el consumidor. Las transnacionales, como Grupo Planeta y Penguin Random House Grupo Editorial, han tomado por asalto a cada país de América Latina, adquiriendo las casas editoriales locales para desaparecerlas o darles un nuevo perfil. Tal es el caso de sellos tan tradicionales como Joaquin Mortiz, Editorial Sudamericana, Editorial Diana, Editorial Grijalbo y Emecé Editores. De esta forma, lo que se lee en nuestros países ha dejado de ser lo formativo, lo plural, lo que apela a la comunidad, por privilegiar el ocio, el individualismo, todo aquello que sea susceptible de convertirse en un best-seller. Solo algunos sellos persisten en una labor de resistencia con su posición formativa y de pluralidad de estéticas y voces, entre ellos el Fondo de Cultura Económica (México) y la Biblioteca Ayacucho (Venezuela).

Proyectos emergentes de edición, minúsculos en comparación con los conglomerados editoriales, han optado por publicar las nuevas voces de literatura latinoamericana, así como aquellas voces olvidas u obviadas por el canon, esa anquilosada institución, periclita para una realidad en que nos debatimos entre la inmensa variedad de tradiciones y una lectura horizontal de la historia literaria. Estos sellos, apelan al cuidado editorial y a la fuerza de su catálogo como, por ejemplo, La Valija de Fuego Editorial (Colombia), Catafixia Editorial (Guatemala), Editorial Alquimia y Montacerdos Editores (Chile), en México: Editorial Almadía, Tumbona Ediciones, Malpaís ediciones.

Estos sellos nos indican que en Latinoamérica existe un mercado fuerte y vital moviéndose bajo las turbias aguas de la tiranía del mercado editorial, y que, en todo caso, se requiere una nueva forma de distribución de productos culturales, así como que las librerías apuesten a la exhibición privilegiada de sellos emergentes con un catálogo relevante. Para esto, tanto como las distribuidoras como las librerías deben establecer comisiones menos onerosas para estas pequeñas empresas.